Brim 7 – Sala

Me levanté del sillón aún estando mareado. Había olvidado por completo todo lo aprendido en mi retiro AA. Busqué entre los cadáveres quién pudiera ayudarme, solo encontré desdicha y soledad. Botella tras botella, una más vacía que la anterior, como mis pensamientos. Tomé la ropa que encontré y me vestí. Apenas vestido, sin peinar, salí corriendo. Se me hacía tarde para el trabajo. Por eso Brim me odiaba, era un obrero más en la maquinaria del capitalismo.

Llegué como siempre llego, detestando al mundo, aborreciendo la vida. Prendí mi computadora, me serví café. Le eché un poco de whiskey y bebí un sorbo. Mi mente comenzaba a funcionar de nuevo, despejándose, siendo libre. Bebí media taza de un solo trago, el calor quemando mis labios, mi boca, mi garganta, el whiskey quemando mi mente, mis pensamientos.

Entonces la vi llegar, abriendo la puerta de la oficina. Mi mente se conmocionó, calló de inmediato. Acercándose lentamente dejó sus cosas en la sala de espera y continuó hasta mi lugar. Su paso firme al compás de mis latidos. Mis manos estáticas en el teclado, mi mirada fija en ella, en el movimiento de sus piernas. Se acercó a mi y tomando mi mano apenas pronunció palabra.

¿No vas a saludarme bien?

Mi cuerpo se levantó en automático, tomando sus manos, acercándola a mi. Mis manos recorrieron su espalda y la abracé. Mi cabeza se recargó sobre su hombro. Sus brazos me envolvieron, sus uñas sobre la camisa me hicieron soltar un quejido.

¿Es queja o te gustó?

Alejé mi cabeza para responderle pero sus ojos fijos en mi callaron mis palabras. Sus labios se acercaron a los míos. Sabía lo que iba a pasar, me seduciría y aniquilaría.

¿Qué ibas a decir?

Apenas iba a abrir mis labios cuando los de ella se pegaron a los míos. Besándolos profundamente, dejando que disfrutara por unos instantes su capacidad de ser buena. Mis pensamientos cesaron de inmediato, mi respiración murió ante ella, una vez más era su víctima, una vez más había ella ganado, una vez más no era más que su juguete. Entonces cesó, diciendo palabras que pensé jamás diría.

Te quiero

Mi mente se encontraba vacía. Aquella ocasión en el antro sus palabras como saetas habían sido que jamás sería mía. Qué juego tramaba ahora. Qué sufrimiento perpetraría ahora en mi contra. Algo tenía que responderle, algo tenía que precisar.

Pero no me amas

Sabía ella que me estaba perdiendo, que en cualquier momento llegaría mi final. Tan solo quería tenerme en la sala de espera. No le interesaba. No le importaba. Solo quería tenerme ahí, sentado, esperándola. Saber ella que era mi dueña, que le rendía total devoción, que vivía solo para ella.

En verdad, no me amaba. Tal vez y ni siquiera me quería, o tal vez se refería a te quiero… hacer daño. Pero sí sabía ella que un beso sería el hilo que me ataría más a ella, que me haría hincarme a sus pies y entregarle mi vida. Era la Moira, tejiendo mi presente y mi futuro, solo ella tenía ahora el control de mi destino.

No te preocupes, cada mañana vendré a saludarte. Aunque no siempre tendrás el privilegio que hoy.

Tomó sus cosas y partió. Sus piernas entonando la valquiria a cada paso. Alejándose mientras yo permanecía ahí, frente a mi computadora, de pie, inmóvil, seco, vacío. Esperando solo a que cerrara la puerta y no volviera más.

El hechizo se rompió y caí sobre mi silla, desolado, solo nuevamente.

Ahora cada mañana me siento en la sala de espera de su abandono, esperándola a que llegue y me haga suyo con un abrazo o me mate de nuevo con un beso. De todas formas, siempre fui y seré suyo. Muerto para el mundo, vivo para ella.

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